Y sucedió que Alma, quien había huido de los siervos del rey Noé, se arrepintió de sus pecados e iniquidades, y fue secretamente entre el pueblo, y empezó a enseñar las palabras de Abinadí; sí, concerniente a lo que había de venir, y también acerca de la resurrección de los muertos y la redención del pueblo, que iba a realizarse por medio del poder, y los padecimientos, y la muerte de Cristo, y su resurrección y ascensión al cielo.
Y enseñaba a cuantos querían oír su palabra. Y los instruía secretamente para que no llegara a oídos del rey. Y muchos creyeron en sus palabras.
Y aconteció que cuantos le creyeron fueron a un lugar llamado Mormón, nombre que había recibido del rey, y el cual se hallaba en las fronteras del país, y a veces, o sea, por estaciones, estaba infestado de animales salvajes. Y ahora bien, había en Mormón una fuente de agua pura, y Alma allí acudía; y cerca del agua había un paraje poblado de árboles pequeños, donde se ocultaba, durante el día, de las pesquisas del rey. Y aconteció que cuantos le creían, se dirigían allí para oír sus palabras. Y sucedió que después de muchos días, se hallaba reunido un buen número en el paraje de Mormón, para oír las palabras de Alma. Sí, todos los que creían en su palabra se habían reunido para oírlo. Y les enseñó, y les predicó el arrepentimiento y la redención y la fe en el Señor.
Y aconteció que les dijo:
He aquí las aguas de Mormón
(porque así se llamaban); y ya que deseáis entrar en el redil de Dios y ser llamados su pueblo,
y estáis dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras;
sí, y estáis dispuestos a llorar con los que lloran;
sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo,
y ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis,
aun hasta la muerte, para que seáis redimidos por Dios,
y seáis contados con los de la primera resurrección,
para que tengáis vida eterna;
Os digo ahora, si este es el deseo de vuestros corazones, ¿qué os impide ser bautizados en el nombre del Señor, como testimonio ante él de que habéis concertado un convenio con él de que lo serviréis y guardaréis sus mandamientos, para que él derrame su Espíritu más abundantemente sobre vosotros?
Y ahora bien, cuando los del pueblo hubieron oído estas palabras,
batieron sus manos de gozo y exclamaron:
Ese es el deseo de nuestros corazones.
Y luego sucedió que Alma tomó a Helam, que era uno de los primeros, y fue y entró en el agua, y clamó, diciendo: ¡Oh Señor, derrama tu Espíritu sobre tu siervo para que haga esta obra con santidad de corazón! Y cuando hubo dicho estas palabras, el Espíritu del Señor vino sobre él, y dijo:
Helam, teniendo autoridad del Dios Todopoderoso, te bautizo como testimonio de que has hecho convenio de servirle hasta que mueras en cuanto al cuerpo mortal; y sea derramado sobre ti el Espíritu del Señor, y concédate él vida eterna mediante la redención de Cristo, a quien él ha preparado desde la fundación del mundo.
Y después que Alma hubo dicho estas palabras, él y Helam se sepultaron juntamente en el agua; y se levantaron y salieron del agua regocijándose, pues fueron llenos del Espíritu.
Y de nuevo tomó Alma a otro, y entró por segunda vez en el agua, y lo bautizó como había hecho con el primero, solo que no se sumergió a sí mismo otra vez en el agua. Y de esta manera bautizó a todos los que fueron al paraje de Mormón, y eran en número unas doscientas cuatro almas; sí, y fueron bautizados en las aguas de Mormón, y fueron llenos de la gracia de Dios.