Y ocurrió que Amalickíah marchó con sus ejércitos (porque había logrado sus deseos) a la tierra de Nefi, a la ciudad de Nefi, que era la ciudad principal.
Y el rey salió con sus guardias para recibirlo, pues suponía que Amalickíah había obedecido sus órdenes, y que había reunido a tan grande ejército para ir a la batalla contra los nefitas.
Mas he aquí, al salir el rey a recibirlo, Amalickíah hizo que sus siervos salieran a encontrar al rey. Y fueron y se postraron delante del rey, como para reverenciarlo a causa de su grandeza.
Y sucedió que el rey extendió la mano para levantarlos, como se acostumbraba entre los lamanitas, en señal de paz, costumbre que habían tomado de los nefitas.
Y aconteció que cuando hubo levantado del suelo al primero, he aquí, este apuñaló al rey en el corazón; y el rey cayó a tierra.
Y los siervos del rey huyeron, y los siervos de Amalickíah pregonaron, diciendo: He aquí, los siervos del rey le han dado una puñalada en el corazón; y ha caído, y ellos han huido. He aquí, venid y ved.
Y sucedió que Amalickíah dio órdenes de que sus ejércitos avanzaran para ver qué le había sucedido al rey; y cuando llegaron al lugar y hallaron al rey tendido en su sangre, Amalickíah fingió estar lleno de ira, y dijo:
Quienquiera que haya amado al rey salga a perseguir a sus siervos para quitarles la vida.
Y aconteció que al oír estas palabras, todos los que amaban al rey avanzaron y salieron tras los siervos del rey.
Y cuando estos vieron que los perseguía un ejército, nuevamente se llenaron de miedo; y huyeron al desierto, y llegaron a la tierra de Zarahemla, y se unieron al pueblo de Ammón.
Y el ejército que los perseguía se volvió, habiéndolos seguido en vano; y así Amalickíah se conquistó el corazón del pueblo por medio de su fraude. Y sucedió que a la mañana siguiente entró en la ciudad de Nefi con sus ejércitos y tomó posesión de la ciudad.
Y aconteció que cuando la reina supo que habían matado al rey —porque Amalickíah había enviado una embajada a la reina para informarle que el rey había sido asesinado por sus siervos, y que él los había perseguido con su ejército, pero que fue en vano porque lograron escaparse— de manera que cuando la reina recibió este mensaje, contestó a Amalickíah, pidiéndole que perdonara a los habitantes de la ciudad; y también le manifestó su deseo de que fuera a verla, y también le pidió que llevara testigos con él para testificar concerniente a la muerte del rey.
Y acaeció que Amalickíah llevó al mismo siervo que había asesinado al rey, y a todos los que estuvieron con él; y entraron en donde estaba la reina, al lugar donde se sentaba; y todos le testificaron que el rey había sido asesinado por sus propios siervos; y dijeron también:
Han huido; ¿no testifica esto en contra de ellos?
Y así convencieron a la reina, concerniente a la muerte del rey.
Y sucedió que Amalickíah procuró el favor de la reina, y la tomó por esposa; y así, por medio de su fraude, y con la ayuda de sus astutos siervos, consiguió el reino; sí, fue reconocido como rey en toda esa tierra, entre todo el pueblo lamanita, que se componía de los lamanitas y los lemuelitas y los ismaelitas, y todos los disidentes nefitas, desde el reinado de Nefi hasta el tiempo presente.
Ahora bien, estos disidentes, teniendo la misma instrucción y la misma información que los nefitas, sí, habiendo sido instruidos en el mismo conocimiento del Señor, no obstante, es extraño relatar que no mucho después de sus disensiones, ellos se volvieron más duros e impenitentes, y más salvajes, inicuos y feroces que los lamanitas, empapándose en las tradiciones de los lamanitas, entregándose a la indolencia y a toda clase de lascivias; sí, olvidándose enteramente del Señor su Dios.