Y aconteció que cuando el rey hubo dado fin a estas palabras, estando reunido todo el pueblo, tomaron ellos sus espadas y todas las armas que se usaban para derramar sangre humana, y las enterraron profundamente en la tierra.
E hicieron esto porque, a su modo de ver, era un testimonio a Dios, y también a los hombres, de que nunca más volverían a usar armas para derramar sangre humana; y esto hicieron, prometiendo y haciendo convenio con Dios de que antes que derramar la sangre de sus hermanos, ellos darían sus propias vidas; y antes que privar a un hermano, ellos le darían; y antes que pasar sus días en la ociosidad, trabajarían asiduamente con sus manos.