pero otros los reprendían a todos, diciendo que era un monstruo enviado por los nefitas para atormentarlos. Y había algunos que decían que el Gran Espíritu había enviado a Ammón para afligirlos por causa de sus iniquidades; y que era el Gran Espíritu que siempre había atendido a los nefitas, que siempre los había librado de sus manos; y decían que ese Gran Espíritu era el que había destruido a tantos de sus hermanos, los lamanitas. Y así la contención entre ellos empezó a ser sumamente acalorada.