Y empezaron a raciocinar y a disputar entre sí, diciendo:
“No es razonable que venga tal ser como un Cristo; si así es, y si fuere el Hijo de Dios, el Padre del cielo y de la tierra, como se ha dicho, ¿por qué no se nos ha de manifestar a nosotros así como a aquellos que estén en Jerusalén? Sí, ¿por qué no se ha de mostrar en esta tierra, así como en la tierra de Jerusalén? Mas he aquí, nosotros sabemos que esta es una inicua tradición que nos han transmitido nuestros padres, para hacernos creer en una cosa grande y maravillosa que ha de acontecer, pero no entre nosotros, sino en una tierra que se halla muy lejana, tierra que no conocemos; por tanto, pueden mantenernos en la ignorancia, porque no podemos dar fe con nuestros propios ojos de que son verdaderas.
Y ellos, por medio de la astucia y misteriosos artificios del maligno, obrarán algún gran misterio que nosotros no podemos comprender, el cual nos sujetará para que seamos siervos de sus palabras y siervos de ellos también, puesto que dependemos de ellos para que nos enseñen la palabra; y así nos conservarán en la ignorancia todos los días de nuestra vida si nos sometemos a ellos.”