Por tanto, oye esto ahora, tú, afligida y ebria, mas no de vino, así dice tu Señor, el Señor y tu Dios que aboga la causa de su pueblo: He aquí, he quitado de tu mano el cáliz de temor, los sedimentos del cáliz de mi furor; nunca más lo volverás a beber. Sino lo pondré en manos de los que te afligen, los que dijeron a tu alma: Póstrate para que pasemos por encima; y tú pusiste tu cuerpo como el suelo, y como la calle, para los que pasaran por encima.