Y cuando toda la multitud hubo comido y bebido, he aquí, fueron llenos del Espíritu; y clamaron a una voz y dieron gloria a Jesús, a quien veían y oían.
Y aconteció que cuando Jesús hubo dicho estas palabras, les volvió a hablar, después que les hubo explicado todas las Escrituras que habían recibido, y les dijo: He aquí, quisiera que escribieseis otras Escrituras que no tenéis.
Y aconteció que dijo a Nefi:
“Trae los anales que habéis llevado.”
Y cuando Nefi llevó los anales, y los puso ante él, Jesús los miró y dijo:
En verdad os digo que yo mandé a mi siervo, Samuel el Lamanita, que testificara a este pueblo que el día en que el Padre glorificara su nombre en mí habría muchos santos que se levantarían de entre los muertos, y aparecerían a muchos, y les ministrarían.
Y les dijo:
¿No fue así?
Y sus discípulos le contestaron, y dijeron:
Sí, Señor,
Samuel profetizó según tus palabras,
y todas se cumplieron.
Y Jesús les dijo:
¿Por qué no habéis escrito esto,
que muchos santos se levantaron,
y se aparecieron a muchos,
y les ministraron?
Y sucedió que Nefi se acordó de que aquello no se había escrito.
Y acaeció que Jesús mandó que se escribiera; de modo que se escribió, de acuerdo con lo que él mandó.
Y aconteció que cuando Jesús hubo explicado en una todas las Escrituras que ellos habían escrito, les mandó que enseñaran las cosas que él les había explicado.
Y sucedió que les mandó escribir las palabras que el Padre había dado a Malaquías, las cuales él les diría. Y aconteció que después que fueron escritas, él las explicó.
Y estas son las palabras que les habló, diciendo:
Y acaeció que cuando Jesús hubo declarado estas cosas, las explicó a la multitud; y les explicó todas las cosas, grandes así como pequeñas.
Y dijo:
“Estas Escrituras que no habíais tenido con vosotros, el Padre mandó que yo os las diera; porque en su sabiduría dispuso que se dieran a las generaciones futuras.”
Y les explicó todas las cosas, aun desde el principio hasta la época en que él viniera en su gloria; sí, todas las cosas que habrían de suceder sobre la faz de la tierra, hasta que los elementos se derritieran con calor abrasador, y la tierra se plegara como un rollo, y pasaran los cielos y la tierra; y hasta el grande y postrer día en que todos los pueblos, y todas las familias, y todas las naciones y lenguas comparezcan ante Dios para ser juzgados por sus obras, ya fueren buenas o malas; si fueren buenas, a la resurrección de vida sempiterna; y si fueren malas, a la resurrección de condenación; por lo que constituyen un paralelo, lo uno por un lado y lo otro por el otro, según la misericordia, y la justicia, y la santidad que hay en Cristo, el cual existía desde antes del principio del mundo.
Y aconteció que después que hubo ascendido al cielo — la segunda vez que se había manifestado a ellos, y había vuelto al Padre, después de haber sanado a todos sus enfermos y sus cojos, y abierto los ojos de sus ciegos, y destapado los oídos de los sordos, y aun había efectuado toda clase de sanidades entre ellos, y levantado a un hombre de entre los muertos, y manifestado a ellos su poder, y ascendido al Padre—