Y he aquí, si el Señor dijere a un hombre:
Maldito seas para siempre por causa de tus iniquidades, será hecho. Y si el Señor dijere: Por causa de tus iniquidades serás separado de mi presencia, él hará que así sea. ¡Y ay de aquel a quien él dijere esto! Porque así se hará con aquel que obre iniquidad, y no podrá ser salvo. De modo que por esta razón, para que los hombres sean salvos, se ha declarado el arrepentimiento.