¡Oh cuán grande es la insignificancia de los hijos de los hombres; sí, son menos aún que el polvo de la tierra! Porque he aquí, el polvo de la tierra se mueve acá y allá, partiéndose por la mitad según el mandato de nuestro gran y sempiterno Dios.
Sí, he aquí, ante su voz tiemblan y se estremecen las colinas y las montañas. Y por el poder de su voz son despedazadas y se vuelven llanas, sí, semejantes a un valle.
Sí, por el poder de su voz tiembla toda la tierra; sí, por el poder de su voz, se cimbran los fundamentos, aun hasta el mismo centro.
Sí, y si dice a la tierra: Muévete, se mueve.
Sí, y si dice a la tierra:
Vuélvete atrás, para que se alargue el día muchas horas,
es hecho. Y así, según su palabra, la tierra se vuelve hacia atrás, y al hombre le parece que el sol se ha quedado estacionario; sí, y he aquí, así es, porque ciertamente la tierra es la que se mueve y no el sol. Y he aquí, también, si dice a las aguas del gran mar:
Secaos,
así es hecho. He aquí, si dice a esta montaña:
Levántate y ve y cae sobre esa ciudad, para que sea enterrada,
he aquí, se hace.
Y he aquí, si un hombre oculta un tesoro en la tierra, y el Señor dijere: Maldito sea, por motivo de la iniquidad de aquel que lo ha escondido, he aquí, será maldito. Y si el Señor dijere: Maldito seas para que nadie te encuentre desde hoy para siempre jamás, he aquí, nadie lo obtiene desde entonces para siempre jamás.
Y he aquí, si el Señor dijere a un hombre:
Maldito seas para siempre por causa de tus iniquidades, será hecho. Y si el Señor dijere: Por causa de tus iniquidades serás separado de mi presencia, él hará que así sea. ¡Y ay de aquel a quien él dijere esto! Porque así se hará con aquel que obre iniquidad, y no podrá ser salvo. De modo que por esta razón, para que los hombres sean salvos, se ha declarado el arrepentimiento.
Por tanto, benditos son aquellos que quieran arrepentirse y escuchar la voz del Señor su Dios, porque son estos los que serán salvos. Y Dios conceda, en su gran plenitud, que los hombres sean llevados al arrepentimiento y las buenas obras, para que les sea restaurada gracia por gracia, según sus obras.
Y yo quisiera que todos los hombres fuesen salvos. Pero leemos que habrá algunos que serán desechados en el gran y postrer día, sí, que serán echados de la presencia del Señor;
sí, que serán condenados a un estado de miseria sin fin, en cumplimiento de las palabras que dicen:
Los que hayan hecho el bien, tendrán vida sempiterna;
y los que hayan hecho el mal, recibirán condenación sempiterna.
Y así es. Amén.