Y aconteció que en el año setenta y dos del gobierno de los jueces, aumentaron las contenciones, de tal modo que hubo guerras por toda la tierra, entre todo el pueblo de Nefi. Y era esta banda secreta de ladrones la que perpetraba esta obra de destrucción e iniquidad; y esta guerra duró todo aquel año; y también continuó durante el año setenta y tres.
Y sucedió que en este año Nefi clamó al Señor, diciendo: ¡Oh Señor, no permitas que este pueblo sea destruido por la espada! Más bien, ¡oh Señor!, haya hambre sobre la tierra para hacerles recordar al Señor su Dios, y tal vez se arrepientan y se vuelvan a ti.
Y así fue hecho, según las palabras de Nefi. Y hubo un hambre muy severa en la tierra, entre todo el pueblo de Nefi. Y así continuó el hambre en el año setenta y cuatro; y cesó la destrucción por la espada, pero se agravó por causa del hambre. Y continuó esta obra de destrucción también en el año setenta y cinco; porque la tierra fue herida de modo que quedó seca, y no produjo grano en la época del grano; y toda la tierra fue herida, así entre los lamanitas como entre los nefitas, de modo que fueron afligidos a tal grado que perecieron por millares en las partes más inicuas del país.
Y ocurrió que los del pueblo vieron que estaban a punto de perecer de hambre, y empezaron a acordarse del Señor su Dios, y también empezaron a acordarse de las palabras de Nefi. Y los del pueblo empezaron a suplicar a sus jueces superiores y a sus jefes que dijeran a Nefi: He aquí, sabemos que eres un hombre de Dios; suplica, pues, al Señor nuestro Dios que aparte de nosotros esta hambre, no sea que se cumplan todas las palabras que has hablado concernientes a nuestra destrucción. Y aconteció que los jueces hablaron a Nefi según las palabras que se habían solicitado. Y sucedió que cuando Nefi vio que el pueblo se había arrepentido, y se había humillado y vestido de cilicio, clamó otra vez al Señor, diciendo:
Y sucedió que cuando Nefi vio que el pueblo se había arrepentido, y se había humillado y vestido de cilicio, clamó otra vez al Señor, diciendo:
Oh Señor, he aquí, este pueblo se arrepiente; y ha exterminado de entre ellos la banda de Gadiantón, de modo que ha desaparecido; y han escondido sus planes secretos en la tierra.
Y ahora, oh Señor, apártese de ellos tu ira a causa de su humildad, y apacígüese tu enojo con la destrucción de esos hombres inicuos que ya has talado.
¡Oh Señor, desvía tu ira, sí, tu ardiente ira, y haz que cese esta hambre en esta tierra!
¡Oh Señor, escúchame y concede que sea hecho según mis palabras, y envía lluvia sobre la faz de la tierra para que produzca su fruto, y su grano en la época del grano!
Oh Señor, tú escuchaste mis palabras cuando dije: Haya hambre, para que cese la destrucción por la espada. Y sé que también en esta ocasión escucharás mis palabras, porque dijiste: Si este pueblo se arrepiente, lo perdonaré.
Sí, ¡oh Señor!, tú ves que se han arrepentido a causa del hambre y la peste y la destrucción que les han sobrevenido.
Y ahora, oh Señor, ¿no apartarás tu ira y probarás otra vez si te servirán?
Y si así fuere, oh Señor, puedes bendecirlos de acuerdo con tus palabras que has hablado.
Y aconteció que en el año setenta y seis, el Señor apartó su indignación del pueblo e hizo que la lluvia cayera sobre la tierra, de modo que produjo su fruto en la época de su fruto. Y sucedió que produjo su grano en la época de su grano.
Y he aquí, el pueblo se regocijó y glorificó a Dios, y se llenó de alegría toda la faz de la tierra; y no intentaron más destruir a Nefi, sino que lo estimaron como un gran profeta y varón de Dios, que tenía gran poder y autoridad que Dios le había dado. Y he aquí, su hermano Lehi no era menos grande que él en cuanto a las cosas concernientes a la rectitud.
Y así aconteció que el pueblo de Nefi empezó a prosperar de nuevo en la tierra, y comenzaron a edificar sus lugares desiertos, y empezaron a multiplicarse y a extenderse hasta que cubrieron toda la superficie de la tierra, tanto hacia el norte como hacia el sur, desde el mar del oeste hasta el mar del este. Y ocurrió que el año setenta y seis concluyó en paz. Y el año setenta y siete también comenzó en paz; y la iglesia se extendió por toda la faz de la tierra, y la mayor parte del pueblo, tanto lamanitas como nefitas, pertenecía a la iglesia; y hubo una paz muy grande en la tierra; y así concluyó el año setenta y siete.
Y también gozaron de paz en el año setenta y ocho, con excepción de unas pocas controversias concernientes a los puntos de doctrina que los profetas habían establecido. Y en el año setenta y nueve empezó a haber muchas contenciones. Pero sucedió que Nefi, Lehi y muchos de sus hermanos que sabían concerniente a los verdaderos puntos de la doctrina, pues recibían muchas revelaciones diariamente; por lo tanto, predicaron al pueblo, de modo que hicieron cesar sus contenciones ese mismo año.