Y después de tres días, habiendo consultado con sus sacerdotes, mandó el rey que fuera llevado otra vez ante él. Y le dijo:
Abinadí, hemos encontrado una acusación contra ti, y mereces la muerte. Porque has dicho que Dios mismo bajará entre los hijos de los hombres; y ahora, a causa de esto se te quitará la vida, a menos que te retractes de todas las palabras que has hablado para mal contra mí y mi pueblo.
Luego le dijo Abinadí:
Te digo que no me retractaré de las palabras que te he hablado concernientes a este pueblo, porque son verdaderas; y para que sepas que son ciertas, he permitido que yo caiga en tus manos. Sí, y padeceré aun hasta la muerte, y no me retractaré de mis palabras, y permanecerán como testimonio en contra de ti. Y si me matas, derramarás sangre inocente, y esto también quedará como testimonio en contra de ti en el postrer día.
Y ahora el rey Noé estaba a punto de soltarlo, porque temía su palabra; sí, tenía miedo de que los juicios de Dios cayeran sobre él. Mas los sacerdotes dieron voces contra Abinadí, y empezaron a acusarlo, diciendo:
Ha vituperado al rey.
Por tanto, el rey fue incitado a la ira en contra de él, y lo entregó para que lo mataran.
Y sucedió que se lo llevaron y lo ataron; y torturaron su carne con brasas, sí, hasta la muerte. Y cuando las llamas empezaban a quemarlo, clamó a ellos, diciendo:
He aquí, así como habéis obrado conmigo, así acontecerá que vuestros descendientes harán que muchos padezcan los dolores que yo padezco, sí, los dolores de la muerte por fuego; y esto porque creen en la salvación del Señor su Dios.
Y ocurrirá que vosotros seréis afligidos con toda clase de enfermedades, a causa de vuestras iniquidades. Sí, y seréis heridos por todos lados, y seréis echados y dispersados de un lado al otro, así como una manada de ganado silvestre es acosada por salvajes y feroces bestias.
Y en aquel día os cazarán, y caeréis en manos de vuestros enemigos; y entonces padeceréis, así como yo padezco, los dolores de la muerte por fuego. Así ejecuta Dios su venganza sobre aquellos que destruyen a su pueblo.
¡Oh Dios, recibe mi alma!
Y ahora bien, cuando Abinadí hubo dicho estas palabras, cayó, habiendo padecido la muerte por fuego; sí, habiéndosele ejecutado porque no quiso negar los mandamientos de Dios, habiendo sellado la verdad de sus palabras con su muerte.
Mas he aquí, sucedió que el rey, habiendo descubierto un movimiento entre los del pueblo, envió a sus siervos para vigilarlos. Por tanto, el día en que estaban reuniéndose para oír la palabra del Señor fueron denunciados ante el rey.
Y el rey dijo que Alma estaba incitando al pueblo a que se rebelara contra él; por tanto, envió a su ejército para que los destruyera.
Y aconteció que el ejército del rey volvió, después de haber buscado en vano al pueblo del Señor.
Y ahora bien, he aquí, las fuerzas del rey eran pequeñas, pues habían sido reducidas, y empezó a haber una división entre el resto del pueblo. Y la parte menor empezó a proferir amenazas contra el rey, y empezó a haber una gran contención entre ellos.
Ahora bien, había entre ellos un hombre que se llamaba Gedeón; y como era un hombre fuerte y enemigo del rey, sacó, por tanto, su espada y juró en su ira que mataría al rey.
Y aconteció que peleó con el rey,
…y cuando el rey vio que estaba a punto de vencerlo, huyó, y corrió, y se subió a la torre que estaba cerca del templo. Y Gedeón lo siguió, y estaba a punto de subir a la torre para matar al rey…