Y ahora bien, hijo mío, recuerda las palabras que te he hablado;
no confíes esos planes secretos a este pueblo,
antes bien, inculca en ellos un odio perpetuo contra el pecado y la iniquidad.
Predícales el arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo;
enséñales a humillarse, y a ser mansos y humildes de corazón;
enséñales a resistir toda tentación del diablo, con su fe en el Señor Jesucristo.
Enséñales a no cansarse nunca de las buenas obras,
sino a ser mansos y humildes de corazón;
porque estos hallarán descanso para sus almas.
¡Oh recuerda, hijo mío, y aprende sabiduría en tu juventud;
sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios!
Sí, e implora a Dios todo tu sostén;
sí, sean todos tus hechos en el Señor,
y dondequiera que fueres, sea en el Señor;
deja que todos tus pensamientos se dirijan al Señor;
sí, deja que los afectos de tu corazón se funden en el Señor para siempre.
Consulta al Señor en todos tus hechos,
y él te dirigirá para bien;
sí, cuando te acuestes por la noche,
acuéstate en el Señor,
para que él te cuide en tu sueño;
y cuando te levantes por la mañana,
rebose tu corazón de gratitud a Dios;
y si haces estas cosas, serás enaltecido en el postrer día.
Y ahora, hijo mío, tengo algo que decir concerniente a lo que nuestros padres llaman esfera o director, o que ellos llamaron Liahona, que interpretado quiere decir brújula; y el Señor la preparó. Y he aquí, ningún hombre puede trabajar con tan singular maestría. Y he aquí, fue preparada para mostrar a nuestros padres el camino que habían de seguir por el desierto.
Y obró por ellos según su fe en Dios; por tanto, si tenían fe para creer que Dios podía hacer que aquellas agujas indicaran el camino que debían seguir, he aquí, así sucedía; por tanto, se obró para ellos este milagro, así como muchos otros milagros que diariamente se obraban por el poder de Dios.
Sin embargo, por motivo de que se efectuaron estos milagros por medios pequeños, se les manifestaron obras maravillosas. Mas fueron perezosos y se olvidaron de ejercer su fe y diligencia, y entonces esas obras maravillosas cesaron, y no progresaron en su viaje.
Por tanto, se demoraron en el desierto, o sea, no siguieron un curso directo, y fueron afligidos con hambre y sed por causa de sus transgresiones.
Y ahora quisiera que entendieses, hijo mío, que estas cosas tienen un significado simbólico; porque así como nuestros padres no prosperaron por ser lentos en prestar atención a esta brújula (y estas cosas eran temporales), así es con las cosas que son espirituales.
Pues he aquí, tan fácil es prestar atención a la palabra de Cristo, que te indicará un curso directo a la felicidad eterna, como lo fue para nuestros padres prestar atención a esta brújula que les señalaba un curso directo a la tierra prometida.
Y ahora digo: ¿No se ve en esto un símbolo? Porque tan cierto como este director trajo a nuestros padres a la tierra prometida por haber seguido sus indicaciones, así las palabras de Cristo, si seguimos su curso, nos llevan más allá de este valle de dolor a una tierra de promisión mucho mejor.
Oh hijo mío, no seamos perezosos por la facilidad que presenta la senda; porque así sucedió con nuestros padres; pues así les fue dispuesto, para que viviesen si miraban; así también es con nosotros. La vía está preparada, y si queremos mirar, podremos vivir para siempre.
Y ahora bien, hijo mío, asegúrate de cuidar estas cosas sagradas; sí, asegúrate de acudir a Dios para que vivas. Ve entre este pueblo y declara la palabra y sé sensato. Adiós, hijo mío.