Y ahora bien, hijo mío, recuerda las palabras que te he hablado;
_no confíes esos planes secretos a este pueblo,
_antes bien, inculca en ellos un odio perpetuo contra el pecado y la iniquidad.
Predícales el arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo;
_enséñales a humillarse, y a ser mansos y humildes de corazón;
enséñales a resistir toda tentación del diablo, con su fe en el Señor Jesucristo.
Enséñales a no cansarse nunca de las buenas obras,
_sino a ser mansos y humildes de corazón;
porque estos hallarán descanso para sus almas.