He ahí, ¡oh Dios mío!, sus suntuosos vestidos, y sus anillos, sus brazaletes, sus ornamentos de oro y todos sus objetos preciosos con que se adornan; y he aquí, sus corazones están puestos en estas cosas, y aun así te invocan, diciendo:
Gracias te damos, ¡oh Dios!, porque te somos un pueblo escogido, mientras que los otros perecerán. Sí, y dicen que tú les has dado a conocer que no habrá Cristo.