Y estas son las ciudades que poseían cuando llegué a la ciudad de Judea; y hallé a Antipus y sus hombres trabajando con todas sus fuerzas para fortificar la ciudad. Sí, y se hallaban abatidos, tanto en el cuerpo como en el espíritu, porque habían combatido valientemente durante el día y trabajado de noche para conservar sus ciudades; así que habían padecido grandes aflicciones de todas clases.
Y ahora estaban resueltos a vencer en ese sitio, o a morir; por tanto, bien podrás imaginarte que esta pequeña fuerza que traje conmigo, sí, esos hijos míos, les proporcionó gran esperanza y mucho gozo.