Y aconteció que los ejércitos de los lamanitas sobre el mar del oeste, hacia el sur, durante la ausencia de Moroni motivada por algunas intrigas entre los nefitas, las que causaron disensiones entre ellos, habían ganado algún terreno a los nefitas, sí, al grado de que se habían apoderado de varias de sus ciudades en aquella parte de la tierra. Y así, por causa de la iniquidad entre ellos, sí, por las disensiones e intrigas entre ellos mismos, los nefitas se vieron en las más críticas circunstancias.
Y estas son las ciudades de las cuales los lamanitas se han posesionado derramando la sangre de tantos de nuestros valientes hombres: La tierra de Manti o ciudad de Manti, y la ciudad de Zeezrom, y la ciudad de Cumeni, y la ciudad de Antipara.
Y los lamanitas también habían retenido a muchos prisioneros, todos los cuales son capitanes en jefe, porque a ningún otro han dejado con vida. Y suponemos que se hallan en este momento en la tierra de Nefi, si es que no los han matado.
Pero he aquí una cosa en la cual podemos regocijarnos mucho; porque sucedió que en el año veintiséis, yo, Helamán, marché al frente de estos dos mil jóvenes hasta la ciudad de Judea para ayudar a Antipus, a quien habías nombrado jefe sobre el pueblo en aquella parte de la tierra.
E incorporé a mis dos mil hijos (porque son dignos de ser llamados hijos) al ejército de Antipus, y con esta fuerza él se regocijó en extremo; pues he aquí, los lamanitas habían reducido su ejército, porque las fuerzas de ellos habían matado a un gran número de nuestros hombres, por lo cual tenemos motivo para lamentarnos. No obstante, podemos consolarnos en esto, que han muerto en la causa de su patria y de su Dios; sí, y son felices.
Y aconteció que Helamán marchó al frente de sus dos mil soldados jóvenes para ayudar al pueblo en las fronteras de la tierra hacia el sur, cerca del mar del oeste. Y así concluyó el año veintiocho del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi.
Y estas son las ciudades que poseían cuando llegué a la ciudad de Judea; y hallé a Antipus y sus hombres trabajando con todas sus fuerzas para fortificar la ciudad. Sí, y se hallaban abatidos, tanto en el cuerpo como en el espíritu, porque habían combatido valientemente durante el día y trabajado de noche para conservar sus ciudades; así que habían padecido grandes aflicciones de todas clases.
Y ahora estaban resueltos a vencer en ese sitio, o a morir; por tanto, bien podrás imaginarte que esta pequeña fuerza que traje conmigo, sí, esos hijos míos, les proporcionó gran esperanza y mucho gozo.
Y aconteció que cuando los lamanitas vieron que Antipus había recibido más fuerzas para su ejército, se vieron obligados, por órdenes de Ammorón, a no salir a la batalla contra la ciudad de Judea, ni contra nosotros. Y así el Señor nos favoreció; porque si nos hubieran acometido en nuestra debilidad, tal vez habrían destruido nuestro pequeño ejército; pero en esto fuimos preservados.
Ammorón les había mandado que conservaran aquellas ciudades que habían tomado. Y así terminó el año veintiséis. Y a principios del año veintisiete, nos habíamos preparado para la defensa, tanto nuestra ciudad como nosotros mismos. Y deseábamos que los lamanitas viniesen contra nosotros; porque no queríamos atacarlos en sus plazas fuertes.
Y aconteció que mantuvimos espías en los alrededores, con objeto de reconocer los movimientos de los lamanitas, para que no nos pasaran de noche ni de día para lanzar un ataque contra nuestras otras ciudades que se hallaban al norte. Porque sabíamos que en aquellas ciudades no eran suficientemente fuertes para hacerles frente; por tanto, queríamos caer sobre su retaguardia, en caso de que pasaran junto a nosotros, y así acometerlos por la retaguardia al mismo tiempo que fuesen atacados por la vanguardia. Pensábamos que los podríamos vencer; mas, he aquí, nos vimos frustrados en estos nuestros deseos.
...mas, he aquí, nos vimos frustrados en estos nuestros deseos. No se atrevían a pasar con todo su ejército por donde estábamos, ni se atrevían a pasar con parte de él, no fuese que no tuvieran la fuerza suficiente y cayeran. Ni tampoco se atrevían a marchar contra la ciudad de Zarahemla; ni osaban atravesar los manantiales del río Sidón, hacia la ciudad de Nefíah; y así, con sus fuerzas estaban resueltos a conservar las ciudades que habían tomado.
Y ocurrió que en el segundo mes de este año, nos llegaron muchas provisiones de los padres de mis dos mil hijos. Y también nos fueron enviados dos mil hombres de la tierra de Zarahemla. Y así quedamos prevenidos con diez mil hombres, y provisiones para ellos, y también para sus mujeres y sus hijos.
Y los lamanitas, viendo que así de día en día nuestras fuerzas aumentaban, y que llegaban provisiones para nuestro sostén, empezaron a temer, y comenzaron a salir para ver si les era posible acabar con el suministro de provisiones y refuerzos que nos llegaba.