Y aconteció que cuando los lamanitas vieron que Antipus había recibido más fuerzas para su ejército, se vieron obligados, por órdenes de Ammorón, a no salir a la batalla contra la ciudad de Judea, ni contra nosotros. Y así el Señor nos favoreció; porque si nos hubieran acometido en nuestra debilidad, tal vez habrían destruido nuestro pequeño ejército; pero en esto fuimos preservados.