Alma 8:30–32

Y salió Alma, y también Amulek, entre el pueblo para declararle las palabras de Dios; y fueron llenos del Espíritu Santo. Y les fue dado tal poder, que no pudieron ser encerrados en calabozos, ni fue posible que hombre alguno los matara; sin embargo, no ejercieron su poder sino hasta que fueron atados con cuerdas y echados en la cárcel. Y se hizo así para que el Señor manifestara su poder en ellos. Y sucedió que salieron y empezaron a predicar y a profetizar al pueblo, de acuerdo con el espíritu y el poder que el Señor les había dado.

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