Pero he aquí, aconteció que en el año veintisiete del gobierno de los jueces, Teáncum, por órdenes de Moroni —y este había colocado ejércitos para proteger las fronteras del sur y del oeste de la tierra, y había iniciado la marcha hacia la tierra de Abundancia para ayudar a Teáncum con sus hombres a reconquistar las ciudades que habían perdido— y ocurrió que Teáncum había recibido órdenes de atacar la ciudad de Mulek, y reconquistarla, de ser posible.
Y sucedió que Teáncum hizo los preparativos para atacar la ciudad de Mulek y avanzar con su ejército contra los lamanitas; pero vio que era imposible vencerlos mientras estuviesen dentro de sus fortificaciones; por tanto, abandonó su propósito y se volvió a la ciudad de Abundancia para esperar la llegada de Moroni, a fin de reforzar su ejército.
Y aconteció que Moroni llegó con su ejército a la tierra de Abundancia, a fines del año veintisiete del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi.
Y a principios del año veintiocho, Moroni, Teáncum y muchos de los capitanes en jefe tuvieron un consejo de guerra para decidir qué debían hacer para que los lamanitas salieran a la batalla contra ellos, o de algún modo atraerlos para sacarlos de sus fuertes, a fin de vencerlos y tomar otra vez la ciudad de Mulek. Y sucedió que mandaron embajadas al ejército de los lamanitas, que protegía la ciudad de Mulek, a su caudillo, cuyo nombre era Jacob, invitándolo a que saliera con sus ejércitos para enfrentarse con ellos en las llanuras entre las dos ciudades. Mas he aquí, Jacob, que era zoramita, no quiso salir con su ejército para enfrentarse con ellos en el llano.
Y aconteció que Moroni, no teniendo esperanzas de enfrentarse con ellos en iguales circunstancias, ideó, por tanto, un plan para engañar a los lamanitas para que salieran de sus fortalezas. Por lo tanto, hizo que Teáncum tomara un pequeño número de hombres y marchara cerca de la costa del mar; y Moroni y su ejército marcharon de noche por el desierto, al oeste de la ciudad de Mulek; y así, por la mañana, cuando los guardias de los lamanitas hubieron descubierto a Teáncum, corrieron y se lo dijeron a Jacob, su caudillo.
Y acaeció que los ejércitos de los lamanitas avanzaron contra Teáncum, suponiendo que con su número podrían vencer a Teáncum por motivo de su reducido número. Y al ver Teáncum que los ejércitos de los lamanitas venían contra él, empezó a retroceder hacia el norte por la costa del mar.
Y ocurrió que cuando los lamanitas vieron que empezaba a huir, cobraron ánimo y lo persiguieron vigorosamente. Y mientras Teáncum iba así alejando a los lamanitas, que lo perseguían en vano, he aquí, Moroni dio órdenes de que parte de su ejército que lo acompañaba, entrara en la ciudad y tomara posesión de ella. Y así lo hicieron, y mataron a todos los que habían quedado para proteger la ciudad, sí, a todos los que no quisieron entregar sus armas de guerra. Y así se había apoderado Moroni de la ciudad de Mulek con parte de su ejército, mientras él marchaba con el resto al encuentro de los lamanitas, cuando volvieran de perseguir a Teáncum.
Y sucedió que los lamanitas persiguieron a Teáncum hasta que llegaron cerca de la ciudad de Abundancia, y entonces les salieron al encuentro Lehi y un pequeño ejército, que habían quedado para proteger la ciudad.
Y he aquí, cuando los capitanes en jefe de los lamanitas vieron que Lehi con su ejército marchaba contra ellos, huyeron con mucha confusión, temiendo no poder llegar a la ciudad de Mulek antes que los alcanzara Lehi; porque estaban fatigados a causa de su marcha, y los hombres de Lehi se hallaban descansados. Ahora bien, los lamanitas no sabían que Moroni había estado a su retaguardia con su ejército; y todo lo que temían era a Lehi y a sus hombres.
Y Lehi no deseaba alcanzarlos sino hasta que encontrasen a Moroni y su ejército. Y sucedió que antes que los lamanitas hubiesen retrocedido mucho, los nefitas los rodearon, los hombres de Moroni por un lado, y los de Lehi por el otro, todos ellos descansados y llenos de vigor; mas los lamanitas estaban fatigados a causa de su larga marcha. Y Moroni mandó a sus hombres que cayeran sobre ellos hasta que hubiesen entregado sus armas de guerra.
Y aconteció que Jacob, siendo su caudillo, siendo también zoramita, y teniendo un espíritu indomable, encabezó a los lamanitas a la batalla con extremada furia contra Moroni. Pues como Moroni estorbaba el curso de su marcha, por tanto, Jacob estaba resuelto a matarlos y a abrirse paso hasta la ciudad de Mulek. Mas he aquí, Moroni y sus hombres eran más fuertes; por lo tanto, no cedieron el paso a los lamanitas.
Y aconteció que pelearon de ambos lados con mucha furia; y hubo muchos muertos, tanto de una parte como de otra; sí, y Moroni fue herido, y Jacob cayó muerto. Y con tal ímpetu acometió Lehi su retaguardia, con sus hombres fuertes, que los lamanitas de la retaguardia entregaron sus armas de guerra; y los demás, en su mucha confusión, no sabían por dónde ir o atacar.
Y Moroni, viendo su confusión, les dijo: Si traéis vuestras armas de guerra y las entregáis, he aquí, cesaremos de derramar vuestra sangre.
Y acaeció que cuando los lamanitas hubieron oído estas palabras, sus capitanes en jefe, todos los que no habían muerto en la batalla, avanzaron y echaron sus armas de guerra a los pies de Moroni, y también mandaron a sus hombres que hicieran lo mismo. Mas he aquí, hubo muchos que no quisieron; y aquellos que no quisieron entregar sus espadas fueron prendidos y atados, y les fueron quitadas sus armas de guerra, y los obligaron a marchar con sus hermanos a la tierra de Abundancia. Y el número de prisioneros que tomaron fue mayor que el número de los que habían muerto; sí, mayor que el número de los que habían muerto de ambas partes.